LITERATURA LOW COST

por Chesi

A la vista de los actuales y sombríos éxitos editoriales a uno le asaltan ciertas ideas de peligroso pesimismo. Ciertamente, no hay que denostar determinados libros porque alcancen éxitos de ventas. Existen novelas extraordinarias que afortunadamente fueron del agrado del público y se vendieron de forma multitudinaria. La poética del fracaso, tan manida, no siempre resulta cierta y quizá cualquier escritor lo que desea en el fondo es conseguir un número de ventas que le permita dedicarse a escribir otra novela durante un tiempo que los que escriben suelen ser tipos así de perversos. Lo malo estriba en los libros concebidos como superventas, escritos simplemente para llegar a un público mayoritario y que por lo general no exige calidad sino entretenimiento, morbo, cotilleo, aventuras extravagantes, animales míticos y lugares insólitos de tarjeta postal. La impostura, a poco que uno haya leído, se detecta de inmediato. Si se repasan las listas de éxitos de ventas (y creo que debería prescindirse de semejante categoría) veremos que aparte de determinados nombres de escritores profesionales y bien valorados, aparecen los advenedizos con cualquier tipo de coartada: una presentadora de televisión que se mete en la piel de una princesa y a la que manipula a su antojo, más presentadores de televisión con sus novelas (y no necesariamente un presentador de televisión tiene que ser un mal novelista), biografías cada vez más prematuras porque si antes una biografía o una autobiografía se escribía cuando el protagonista alcanzaba una edad longeva, hoy los escaparates se nutren de esos volúmenes con la vida de futbolistas, cantantes adolescentes y actores y actrices que frisan la treintena. Es decir, no se trata ya de escribir bien, de escribir algo interesante sino de escoger un personaje mediático que asegure un buen número de compradores para el libro y después escribirlo: el libro es un simple envoltorio para la fruslería. Sospecho desde hace tiempo que si en una barca estuviesen juntos y a punto de naufragar Anne Sexton e Isabel Allende, por citar un ejemplo, se acercaría a ellos una lancha salvavidas (con un agente literario y un editor a bordo) y en la tesitura de tener que salvar sólo a una de ambas, me temo que Sexton llevaría las de perder y sería pasto de los tiburones. Los escaparates están siendo tomados, de forma irremediable, por manuales de autoayuda, libros de cocina, gallardas visiones de expresidentes de gobierno, biografías de futbolistas veinteañeros, métodos de adelgazamiento y otros productos prodigiosos. Tengo la seguridad, un tanto triste, de que determinadas novelas que se publicaron en España en el siglo pasado (cito al azar: La vida perra de Juanita Narboni, Don Julián, El gran momento de Mary Tribune, Antagonía, Larva, Volverás a Región) carecerían de espacio hoy en las librerías o dicho con las palabras con las que suelen rehusar los manuscritos las editoriales, no tendrían sitio dentro de su línea editorial, aforismo repugnante e hipócrita. Hay mucho cobarde escribiendo libros y hay mucho cobarde editando. Y mucho cobarde reseñándolos y mucho cobarde comprándolos. Así nos va.

Anuncios