El arte del puzle

Blog del escritor José María Pérez Álvarez, 'Chesi'

Mes: julio, 2015

VERANO EN OURENSE, II

Habla con las estatuas (Otero, Risco, Blanco Amor, Castelao), atraviesa los puentes (Romano, Nuevo, Milenio), recorre los parques (San Lázaro, Miño, Posío, Alameda, Mercedes), peregrina por las plazas (Saco y Arce, San Marcial, Trigo, Magdalena, Trinidad, Sal) y las calles (Pena Vixía, Corredoira, Zapateiros, Obra, Libertad, Pelouriño), evita las indeseadas presencias que te aturden, sus voces estruendosas, sus apretones de manos, sus sonrisas harbadas, los abrazos que establecen el punto exacto de tu espalda en el que vas a ser apuñalado, ese mismo punto en el que se agolpa el sudor del estío. No otro es el motivo de sus gestos. La diana está entre tus omóplatos. Huye. Las indefensas estatuas permanecerán contigo cuando los demás te busquen. Estás a tiempo: huye. Maldita sea la ciudad ingrata que acogió tus pasos, maldita la patria que te fue creando a su antojo. Malditos los monumentos que la pueblan. Malditos sean. Maldito este infierno de 35 grados bochornosos. Porque los ciegos previeron el futuro y los mancos escribieron su historia y los sordos pusieron la música de los himnos y los mentirosos ocuparon púlpitos y escaños, ¿qué porvenir se puede esperar de esa corte valleinclanesca, hacia qué playa aproar las naves que hacen aguas en los costados y atisban el próximo naufragio? No amaina el temporal desde remotos siglos. Gobernados por los alisios escuchamos los cantos de las sirenas traidoras, buscamos la ruta de las estrellas en pantallas de plasma y los astros giran enloquecidos en una partida de billar jugada por un grupo de locos ambiciosos. La patria y la bandera, sus inútiles historias mil veces repetidas, sus escandaloso eco, sus sangres derramadas que reclaman más sangre. ¿Y la cordura? Es esa vieja desdentada que pide limosna en la puerta de la catedral mientras caminas a través de los puentes. Ni toda la riqueza del mundo mejoraría su mala fortuna. Por el costado de Cristo mana la exactitud de nuestro desconsuelo: el soldado atravesó el costillar divino: nunca va a cauterizar esa llaga de la que vas bebiendo día a día. Extraño como te sientes en tierra extraña serás el peregrino más longevo, el que arrastrará la maldición de una raza nacida para un futuro que no existe. No vuelvas la vista atrás: lo que dejas tras de ti es un páramo infecundo, los infelices restos de una juventud ya extinta y por la que no sientes nostalgia. Extranjero en una patria hostil, de nada te sirven los documentos que acrediten tu nacionalidad porque el polvo de la muerte borró las fronteras. Nada quedó detrás que merezca la pena de ser recuperado. La sombra del árbol de tu infancia se aburre en las tardes inclementes de agosto. La huerta de aquellos años es un erial plagado de raíces venenosas. Las hornacinas se vaciaron de los santos infantiles y los responsos a instancias milagreras suenan como las canciones de una orquesta de verano que repite insistentemente un éxito estival. Te ofende ese estribillo ramplón que arrastra al baile a los borrachos engreídos, a las mujeres solitarias y a los hombres menos tiernos. Extráñate, destiérrate, bórrate para siempre de esa verbena en la que solo danzan parejas monstruosas y esqueletos. El trombón desafina en re menor. Treinta y ocho grados a la sombra. Ourense.

VERANO EN OURENSE I

VERANO EN OURENSE, I (Montealegre)

Qué hacer con estas horas que uno tiene por delante y que se irán hacia donde las que las precedían se quedaron furtivas, ineficaces, sordas como muertos de guerra. Puedes abrir un libro o poner la música que nunca tienes tiempo de escuchar, consultar el correo y responder a los insustanciales ecos de las voces de aquellos por quienes ya no sientes sino una nostalgia febril y descosida. Los ritos de los días se suceden como aves asfixiadas que se duermen en el vuelo. Enciende un cigarrillo y apágalo antes de que columbres el humo de la muerte al llevarlo a los labios. La noche está tensando los músculos en los cables de la luz y en ellos las horas se aquietan como torpes palomas. Abre la puerta de casa y sal sin saber a dónde aunque haya diez mil grados esperándote: lo que puede salvarte siempre está ahí fuera. El café. El dionisíaco hastío (palabras ajenas) del brebaje que se derrama desde lo profundo hasta las páginas del diario que cita los nombres de siempre o a las personas de siempre con los nombres cambiados. Bien pudiera aparecer el fantasma de Kennedy, el de Adenauer, el de De Gaulle, el de Carrero o Torquemada o Moctezuma porque nada ha cambiado salvo la herrumbre de un disparo alzado al cielo del olvido. Ese café te salva. Los Papas se repiten incesantes como murciélagos colgados boca abajo en las catacumbas vaticanas. Iniesta golpea un balón en la sección de deportes y quien remata de cabeza es Zarra. Del rojo al blanco y negro como un fusilamiento: se fusila en grisalla pero brota la sangre que es siempre roja. El humo del cigarrillo rompe la tregua de la mañana y perturba el taconeo del vecino que saca a pasear al perro de todos los días. Aletean las horas cansinas en los parques como pájaros que despertaran de un sueño. Ningún titular merece la pena. Cierra el periódico, escucha el roce de sus páginas. Un rey desconocido te observa desde una foto y desvías la mirada. Nada te turba. Carlos I es ahora un turbio licor que a nadie tienta. Giacomo Casanova (dice Colinas) hace sonar el laúd en Alemania. Arranca el motor de un coche y solo te amenaza el deseo de ir al baño repentino. La tira de papel repta en el suelo con inciertos presagios. Nada te tienta. Tienes ante ti todas las posibilidades del aburrimiento y te asomas al balcón para ver pasar la fanfarria del día, los ruidos habituales de todas las jornadas, inhabitables vehículos, sirenas, gente que pasea sus canes como quien luce su dolor desconsideradamente. Recogen la mierda en bolsas de plástico como trofeos inmundos. A lo lejos divisas un brazo de la cruz del Montealegre. Siempre tuviste para ti que el monumento simbólico de este Ourense es la cruz del Montealegre, más que As Burgas reconvertidas en piscina pública, el Cristo al que le crece el pelo como a Mario Vaquerizo o el Puente Romano al que le medran los yerbajos como legañas en sus ojos dormidos. Aquella cruz legendaria que remitía en tu infancia a asuntos de desamor, a adversidades de la guerra o al bandolerismo de tebeo, es apenas visible hoy en día: estimulaba la imaginación y la fantasía, que eran los juguetes habituales de una ciudad en blanco y negro. Desde lo alto, se veía la ciudad como un rebaño de ovejas dormidas en un valle. Nunca indagaste en el origen del monumento: pero recuerdas que se divisaba desde cualquier punto de la ciudad y en su humilde situación, en su diseño escueto, era mucho más decente que la monstruosidad de Cuelgamuros. La cruz del Valle de los Caídos solo se le puede ocurrir a una mente megalómana y diabólica aunque acuñase monedas inventándose que era caudillo de España por la gracia de Dios, ese Dios al que se llegaba a través del Imperio, como es bien sabido. Así son los caminos del Señor: inescrutables. Hoy es casi imposible ver la cruz del Montealegre merced a los edificios que fueron trepando por la ladera como lagartijas por los muros y sumiendo la ciudad en un gris desconsolado. La cruz del Montealegre, la sombra protectora de la cruz. En el bar de la esquina te sirven lo de siempre y lo de siempre sabe como cada día, al conocido regusto de lo que caduca en la lengua. Huele el mundo a ese cruasán artero que se desmigaja como un árbol otoñal. Aún no es la hora pero ignoras para qué aún no es la hora. Desde el cielo gris una leve llovizna te lava la mala conciencia y el amargo sabor de una mañana que no reclamaste. 30 grados al sol. Ourense.

LO CORRECTO

Aun partiendo de una premisa que considero irrefutable, como que el lenguaje es machista, voy a meterme en un jardín del que saldré escaldado pero ya a estas alturas del negocio, poco importa una diatriba más o menos. No sé si en este merengue llamado España el primer tontolculo que empleó la diferenciación de géneros fue Ibarretxe con aquello de “vascos y vascas”. Mal sabía el andoba que abría el melón que nos llevaría a la parafernalia actual donde, en aras de la corrección política, uno asiste asombrado a expresiones que causan vergüenza y estupor y, con frecuencia, risa. Ignoro si cuando alguien habla en Francia, en Estados Unidos, en Alemania y se dirige a un público compuesto por hombres y mujeres, emplea expresiones como “franceses y francesas” o “estadounidenses y estadounidensas” o “alemanes y alemanas”, no lo sé. Pero en la televisión resulta común emplear giros como “queridos telespectadores y telespectadoras, espero que todos  ustedes disfruten de este programa que hemos hecho pensando en vosotros”. ¡Alto ahí, carajo! Si se trata de ser correctos hasta el final, habría que manifestar lo siguiente: “Queridos telespectadores y queridas telespectadoras, espero que todos y todas ustedes disfruten de este programa que hemos hecho pensando en vosotros y en vosotras”. Puestos a ser audaces, hasta el final, con dos cojones (u ovarios). El caso es que hace unas semanas asistí a un entierro y en una tumba próxima al nicho en el que inhumaban al muerto, descubrí una lápida donde habían grabado “Recuerdo de tus sobrinos/as y de tus nietos/as”. ¡Toma ya! Deshilando el ovillo, uno puede llegar a la fúnebre conclusión de que alguien que fallezca a los 30 años y tenga padres y hermanos y cónyuge e hijos y demás familia, para ser políticamente correctos, la esquela debería albergar algo similar a esto: “Su apenado padre A,  su apenada madre B, su esposa (o esposo) C, su hijo D, su hija E, su hermano F, su hermana G, su abuelo paterno H, su abuela paterna I, su abuelo materno J, su abuela materna K, su tío L, su tía M, su primo N, su prima O, su cuñado P, su cuñada Q, sus amigos y amigas, parientes y parientas y demás familiares etcétera” y así hasta agotar el parentesco, con lo cual la esquela ocuparía una página del periódico y un desembolso ruinoso para la familia del fallecido. La moda se está imponiendo; resulta cierto e incontestable, como dije al principio, que el lenguaje es machista: numerosos libros, desde la Biblia hasta el Quijote, por citar dos ejemplos señeros,  para referirse a la raza humana hablan de “el hombre” pero existe un género (creo recordar que el epiceno) que abarca ambos sexos. Imagínense (lectores y lectoras) la retransmisión de la ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos (por ejemplo, en Madrid en el año 2088, pura ciencia‑ficción): “Y ahí tienen desfilando a los atletas españoles y a las atletas españolas que en esta ocasión van uniformados y uniformadas con vestuario del modisto R; todos ellos y todas ellas están preparados y preparadas para conseguir metas que hasta ahora los olímpicos españoles y las olímpicas españolas nunca habían obtenido.” Uno se duerme antes de que el/la locutor/a acabe la frase. Y así, claro, la gentil Bibiana Aído inventa el neologismo “miembras” que, años después, Pedro Sánchez reivindica saleroso mientras se pasea por los escenarios embanderados de rojo y amarillo con la gracia de Mark Vanderloo si se escribe así en una pasarela de Milán o de Nueva York o de Londres y asigna a Antonio Machado una patria falaz como es Soria. En fin, que me ha salido un artículo así de airado y no tengo más que despedirme de todos y todas ustedes deseando que sean comprensivos y comprensivas conmigo ya que los considero y las considero como personas benévolas para este señor que a veces se mete a emplear palabros y palabras sin que nadie lo invite. Después de pergeñar estas líneas, voy a beber un cervezo o una cerveza que aunque no lo merezco ni la merezca, el vicio (y la vicio) es el vicio (y la vicia). Muchas gracias, lector@s. Por cierto, el/la primer/a mandril/a que empleó la arroba para agrupar géneros, ¿ya está enjaulado/a o sigue en libertad?