VERANO EN OURENSE III

por Chesi

Las palabras ya escritas: tormenta de verano: las gaviotas que dejaron las playas del oeste y se acercan al pudridero de la ciudad en busca de cielos imposibles. Los graznidos se cuajan de torvas profecías erradas, profecías oscuras que anidan en las páginas de tratados ornitológicos y en versículos del Nuevo Testamento. Profecías ociosas que no se cumplen nunca, que, como la tormenta, estaban ya escritas en los ojos que a diario te miran en las calles invadidas. Sangra la ciudad un caudal de lluvias desde el fondo de una herida que nadie le ha infligido y que nunca va a cerrarse. Mañana tendrás el recuerdo de una cicatriz que te hace humano. Y siempre, una vez más, las palabras ya escritas por los otros y que no te pertenecen. Acógete a cualquier memoria que no sea la memoria de tu ayer. Busca la memoria de lo que te deparará el futuro si el futuro es algo más que ese paso peatonal que ahora atraviesas dejando atrás los barrios concurridos y los accidentes habituales de todos los días que recoges como si fuesen excrementos de perro en una acera o la ceniza del cigarro que fumas mientras miras el chirlazo del río que parte en dos la ciudad que ahora recibe la lluvia de este mes que está muriendo. La lluvia en la superficie del río: he ahí el regalo que los dioses te otorgan ahora que dejaste de creer en los dioses. Nombra esa geografía en la que contra tu voluntad fuiste depositado igual que en el cubo de la basura se arrojan los desperdicios del día. Di en voz alta el nombre del río y sus afluentes similares a arterias enfermas, los nombres de los montes, de los pueblos, de las aldeas. Recita el santoral que tutela cada una de las vidas que se emboscan en las hornacinas de los altares. Reza el responso condigno y tal vez se produzca el milagro de borrarte para siempre de ese mapa adverso. No esperes nada de la divinidad. Si aún la tienes, arraiga la esperanza en la humilde taberna del camino, conversa con las gentes cuyos nombres ignoras, escucha el canto del vencejo y del mirlo, desprecia la hospitalidad del samaritano, no vuelvas la vista atrás porque lo que dejas es la ceniza de un tiempo que no merece ser recordado. La nostalgia es la sombra del cerezo en las antiguas tardes de la infancia que se pudrieron en las aguas estancadas de la más triste de las memorias, que es la tuya. Cuarenta y tres grados al sol. Ourense.

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