BERNHARD EN ESPAÑA

por Chesi

“… ese Estado tiene (…) una historia totalmente vil y abyecta sobre la conciencia (…) aquí todos los indicios de fortaleza intelectual se convierten enseguida en todos los indicios de debilidad intelectual, aquí todos los esfuerzos por avanzar, prosperar y progresar son inútiles (…) el hombre austríaco, ya en el momento de su nacimiento, es un hombre fracasado y debe comprender claramente (…) que tendrá que renunciar a sí mismo si se queda en este país y en este Estado, (…) perecerá en este país, y si no es un hombre vil, se convertirá en este país y en este Estado en un hombre vil (…) y, cuanto antes vuelva la espalda a este país y a este Estado un hombre con facultades intelectuales, tanto mejor, un hombre así tiene que decirse que hay que huir, dejar atrás todo lo que es este Estado (…) irse a cualquier parte, aunque sea al fin del mundo, no quedarse en ningún caso donde nada puede esperar y, si puede, sólo lo más miserable y lo que destruye la inteligencia y lo que vacía la cabeza (…) y que aquí, en su país austríaco, estará expuesto siempre a una vil incomprensión y una vil calumnia (…) Si lo vemos con claridad, veremos que (…) no había otra posibilidad que dejar esta su patria, que no merece en absoluto ese título honroso.”

Lo que acabo de transcribir es un fragmento de Corrección, una novela que el austríaco Thomas Bernhard publicó en el año 1975 (¡1975!) y que casi diez años más tarde tradujo Miguel Sáenz Sagaleta al español. La situación que el torturado y tortuoso Bernhard describe para Austria en los años setenta del pasado siglo, es la misma, exactamente la misma, que la de Hispania, flaca y amarilla, a lo largo del siglo XXI y sólo es necesario variar el gentilicio y variando el gentilicio aplicar sin reservas el texto de Thomas a este país y a este estado que es igual de vil y abyecto porque si en algo es nuestra clase política, en general, es la mejor del mundo, si en algo sobresale, es en vileza y en abyección, y, la verdad, ser los mejores del mundo en vileza y en abyección, dejan a cualquiera desolado y dan ganas de liar el petate y emigrar pero a dónde si los chimpancés desvalijadores se han apropiado ya de todas las monarquías y de todas las repúblicas y de todas las dictaduras, y de todos los ministerios y de todas las cancillerías, y de todos los despachos y de todos los centros de poder… En fin, que hay tardes de domingo así de turbias.

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