DICCIONARIOS

por Chesi

Ahora que parece que las discusiones acerca de las ventajas del libro de papel sobre el electrónico, o viceversa, ya no se enconan como hace años, cuando muchos proclamaron la desaparición de los primeros y la prevalencia de los segundos, y mientras aguardamos ese futuro más o menos apocalíptico sentados en el velador de un bar leyendo un periódico que huele a tinta, se puede pensar en que sí hay una cuestión en la que el papel es infinitamente superior al libro electrónico: los diccionarios. Es cierto que cualquier persona conectada a un dispositivo electrónico tiene a su alcance el diccionario de la DRAE (aparte de otros muchos, por ejemplo, de idiomas) y que resulta una ayuda inestimable para quienes viajan y no pueden desplazarse con un tocho de semejante enjundia; e incluso estando en casa y ejerciendo una labor sedentaria como la lectura, tener abierto un diccionario electrónico proporciona rapidez y eficacia, además de comodidad, porque uno no se ve obligado a echar mano del diccionario de papel, perder el tiempo buscando la palabra que necesitamos y regresar a la lectura. Pero el intríngulis (palabra fea donde las haya) de lo hasta ahora expuesto estriba en la locución “perder el tiempo” que colé antes de matute. Porque cuando uno investiga un diccionario electrónico, en la casilla correspondiente escribe la palabra que necesita, por ejemplo, presbiterio, y descubre lo siguiente: (Del lat. presbyterĭum, y este del gr. πρεσβυτέριον). 1. m. Área del altar mayor hasta el pie de las gradas por donde se sube a él, que regularmente suele estar cercada con una reja o barandilla. 2. m. Reunión de los presbíteros con el obispo. Y regresa a su ocupación lectora. Sin embargo, si usted está tranquilamente leyendo (en papel o en formato digital) un libro y se encuentra con una palabra que no entiende, por ejemplo, coñazo, si es que hay alguien que ignore lo que significa, y ojea un diccionario convencional, hallará los siguientes resultados: 1. m. coloq. Persona o cosa latosa, insoportable. 2. m. vulg. Ven. Golpe fuerte. Pero ahora, con el diccionario de papel, tiene usted la oportunidad de perderse en el significado de otras palabras que atraigan su atención en tanto que en el digital uno busca la palabra exacta, la que necesita, y no sigue hurgando en otras colindantes que reclamen su significado. No resulta insólito que, con cierta frecuencia, uno hojee el diccionario persiguiendo el significado de una palabra y se sorprenda al cabo de un rato apuntando el de otras, como esos libros que uno lee y que después lo llevan a otros o como ese bar al que acudes y del que sales con la necesidad de hacer escala en el siguiente. A una de esas preguntas insólitas (seamos benévolos) que se les suelen hacer a los escritores (“¿y usted qué libro se llevaría a una isla desierta?”) creo que fue García Márquez quien respondió que un diccionario; no parece una mala elección: en un diccionario se condensa buena parte de nuestra lengua que es, en el fondo, nuestra seña de identidad. Transitar por un diccionario es como hacerlo por un país que conocemos mal y en cada recodo te encuentras con una sorpresa, con algo imprevisto, sin cartel de Finis Terrae porque las posibilidades de un idioma son ilimitadas. Y perdón por el pestiño, (del lat. pistus, majado, batido). 1. m. Fruta de sartén, hecha con porciones pequeñas de masa de harina y huevos batidos, que después de fritas en aceite se bañan con miel. 2. m. coloq. Persona o cosa pesada, latosa o aburrida. Feliz viaje por el diccionario.

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